
La ansiedad es una emoción básica que actúa de mecanismo defensivo, pues nos alerta ante situaciones consideradas como amenazantes. Su función es movilizar al organismo para mantenerlo alerta y dispuesto para intervenir frente a riesgos y amenazas, con el fin de que no se produzcan o, en caso de producirse, que sus consecuencias sean mínimas.
Así pues, la ansiedad es un mecanismo universal que se da en todas las personas, es normal y adaptativo. Un cierto grado de ansiedad mejora el rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta, ya que nos empuja a tomar las medidas convenientes (huir, atacar, neutralizar, afrontar, adaptarnos, etc.), según el caso y la naturaleza del riesgo o del peligro.

Ello significa que la ansiedad como mecanismo adaptativo, es buena, funcional y no representa ningún problema de salud.
Sin embargo, en algunos casos, este mecanismo funciona de forma alterada, y puede producir problemas de salud y, en lugar de ayudarnos, nos incapacita. Esto ocurre cuando dicha ansiedad adquiere una gran intensidad, tiene una duración excesiva o es paralizante y va produciendo bloqueos intermitentes que cada vez van a más.
Es en este momento cuando se debe acudir a un especialista, para que nos ayude, no a hacer desaparecer la ansiedad, sino a proporcionarnos técnicas que nos permitan saber manejarla. Básicamente, se trata de aprender a ver esas sensaciones como algo normal y lógico, parte de nosotros y nuestro organismo, y aceptar la posibilidad de que aparezcan en algunos momentos. Ahora bien, cada trastorno de ansiedad puede suponer tratamientos distintos, pues cada persona es diferente y siempre el tratamiento debe ajustarse al paciente.
Tratamientos para reducir la ansiedad:
1. Técnicas farmacológicas:
Los ansiolíticos (benzodiacepinas…) son un tipo de fármacos que reducen los síntomas de ansiedad. Deben siempre estar prescritos por un especialista (psiquiatra…), y ser revisados cada mes o dos meses.

Para quien prefiera la opción más natural pueden ser de ayuda plantas como la Valeriana, Pasiflora o Amapola de California, así como el aminoácido L-teanina, o el GABA
Ahora bien, siempre deben ir acompañados por un tratamiento de tipo psicológico, pues con ellos no se aprende a controlar la ansiedad, y si se utilizan solos, no suelen curar el trastorno .Son útiles en caso de reacciones intensas, no controlables, pero poco a poco, hay que sustituirlos por el autocontrol; de lo contrario, suelen degenerar en una adicción a este tipo de fármacos.
2. Tratamiento psicológico
Técnicas cognitivo-conductuales:

Son una serie de técnicas psicológicas que ayudan al individuo a interpretar situaciones de una manera menos amenazante y, por tanto, menos ansiógena. Enseñan a identificar pensamientos negativos, errores en la interpretación de la realidad, tendencias individuales que generan ansiedad, etc, para después enseñar a cambiar estas tendencias o procesos por otros más adaptativos.En general, ayudan a mejorar la capacidad de auto-observación y auto-corrección de pensamientos, emociones y conductas de la persona.
Algunas técnicas enseñan además habilidades personales o sociales para enfrentarse mejor a las situaciones ansiógenas.
Técnicas de relajación de la actividad fisiológica:
Enseñan a las personas a relajarse, disminuir su activación fisiológica, destensar los músculos, respirar correctamente, imaginar, etc. Hay que practicarlas todos los días. Existen diversos tipo de técnicas de relajación: muscular progresiva, respiración, mindfulness, etc.