Maltrato a la gente mayor

En nuestra sociedad, hay muchos estereotipos preestablecidos sobre la vejez que hacen que situaciones que en otros colectivos pudiesen ser considerados como malos tratos, en el grupo de personas mayores no lo sean o pasen más desapercibidos.

Aunque en principio las necesidades físicas de la persona mayor estén bien atendidas, de forma involuntaria y/o por omisión, se puede estar propiciando a ésta tratos abusivos o negligentes que quedan enmascarados o incluso no sean considerados como tales, sino que son vistos como una práctica habitual, aceptada y normalizada, tanto a nivel familiar como a nivel institucional.

Así es que  cuidadores o familiares, aun no siendo conscientes, pueden tener actitudes que conducen a un trato denigrante o vejatorio hacia este colectivo, pues pueden estar vulnerando la dignidad y los derechos básicos que toda persona tiene, y estar propiciando sin querer:

Maltrato psicológico:

  • Humillación y ridiculización de la persona: en ocasiones se ignora la presencia de la persona mayor y se hacen comentarios inadecuados, hirientes o incluso humillantes, como si el padre o la madre no estuvieran delante: “A dónde vamos a llegar, ya chochea”.
  • Ataque a la integridad moral mediante agresiones verbales (“Abuela se te ha parado el reloj. Tú no entiendes como son las cosas ahora…”)
  • O un ataque a la dignidad de la persona en una institución para gente mayor sería: “No te preocupes Juanillo, puedes hacértelo encima, llevas pañal”. Se está anteponiendo la comodidad del cuidador, de no tener que llevar a la persona al baño, ante la necesidad de ir de éste
  • No dejarle tomar sus propias decisiones, y lo que es peor en ningún momento pensar en los intereses del padre o madre, en lo que ella quiere y/o necesita, menoscabando su capacidad para asumir responsabilidades. Con su oposición se está vulnerando su autonomía (por ej. hijos que deciden unilateralmente por sus padres: si le ponen o no una cuidadora, cuantas horas la contratarán…., o hijos que deciden como debe ir vestido su familiar…)
  • Falta de consideración de los deseos de la persona mayor y sobreprotección  que seguramente esté generando sentimiento de inutilidad (“En vacaciones no se nunca donde estaré, dice una señora mayor, que debe adaptarse a las vacaciones de sus tres hijos).
  • A nivel institucional: Despersonalización en el trato, proporcionando servicios de acuerdo a criterios generales (hora del baño) que desatienden las necesidades particulares de cada usuario (igual no le apetece bañarse en esos momentos, o al contrario le desatienden cuando quiere ir al baño con el pretexto que ya lleva pañal).
  • Infantilización en el lenguaje, y en el trato: “¿Qué tal vamos Juanillo? Esto a ciencia cierta provoca pérdida de identidad y baja autoestima, pues lo tratan como si fuese un niño.
  • En ese mismo sentido, uso de la primera persona de plural; ¿Qué tal vamos Juanillo? ¿Hemos dormido bien?
  • Y también el paternalismo: “Juanillo, no te acuerdas” “No te preocupes Juanillo”

Maltrato económico: hijo que, sin consentimiento explícito del padre, va a disponer de su dinero para ponerle una persona para que la cuide.

Maltrato físico: cuando se les da una pastilla para que nos dejen dormir(se está haciendo un inadecuado uso de medicación con el fin de favorecer el descanso y la tranquilidad de los cuidadores sea a nivel residencial o familiar).

Negligencia de tipo emocional/psicológica

  • Cuando en una residencia, los dos auxiliares que atienden a la persona mayor (lavándola, por ejemplo) están hablando entre ellos de sus cosas. La indiferencia  o trato de silencio es una de las formas menos visible de maltrato a los mayores.
  • También vemos una negligencia importante (física y emocional) cuando una persona mayor demanda ir al baño y le dicen que no lo necesita que ya lleva pañal (trato denigrante y vejatorio; en lugar de potenciar o mantener su autonomía, lo que se está haciendo es propiciar o agravar su incontinencia). Lo he vivido en mis propias carnes, cuando tenía a mi madre en una residencia.

Esto es así porque los prejuicios y mitos existentes sobre este colectivo influyen en cómo nos acercamos a ellos y en cómo los tratamos. En nuestra sociedad, el envejecer lleva consigo el marginamiento.

El envejecimiento se ve como algo negativo, y estas concepciones erróneas favorecen una visión deshumanizada de las personas mayores, lo cual influye en las actitudes que la gente tiene respecto a ellos, y de aquí que sea más fácil la impunidad frente a los malos tratos que padecen, por un simple desconocimiento del problema

Pero ya no sólo eso, al lado de la escasa sensibilidad y consciencia social del problema, existe muchas veces una negación de su existencia por parte de los profesionales de centros residenciales seguramente influido por el propio edadismo.  Además, las incapacidades físicas o psíquicas, contribuyen a que las personas mayores aumenten su dependencia del cuidador para el apoyo psicológico, físico y material.

Esto a la larga constituye una carga para este último que puede generar estrés. Esa situación puede verse exacerbada por la falta de recursos (mínimo personal en las instituciones) y de servicios de apoyo, con lo que hace que cada cuidador tenga sólo un corto periodo de tiempo para dedicar a quien ha de atender y se vea sobrepasado por la situación.

Por otro lado, es evidente que si una persona cree en un determinado mensaje (que no vale nada), se lo acabará creyendo, lo interiorizará y actuará o seguirá un guion que se ajustará a la conducta que se espera de él (ajustada a esos estereotipos sociales), con lo que esa autopercepción negativa hará que la persona mayor asuma, aún más, un rol pasivo que será la causa de su baja autoestima y autoconcepto negativo, que a su vez, llevará a que haya un cumplimiento de expectativas y, por tanto, se cerrará el ciclo vicioso, retroalimentándose los estereotipos sociales.

En definitiva, lo que impera actualmente es lo joven y bello, y por desgracia se da muy poca importancia al bienestar y la humanidad de las personas mayores, lo que va a provocar una pérdida prematura de dependencia. Y lo peor es que difícilmente estos estereotipos desaparecerán si no se trabajan desde todos los ámbitos de la sociedad, incluidos desde los medios de comunicación.

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