¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción que surge cuando un individuo interpreta que una situación es potencialmente peligrosa y amenazante. Los peligros y amenazas percibidos pueden ser tanto psicológicos como físicos. Las situaciones más comunes que activan el miedo son las que provocan que el individuo anticipe daño físico o psicológico, vulnerabilidad al peligro o una expectativa que las habilidades de enfrentamiento de uno no podrán adaptarse a las circunstancias por venir.

El miedo motiva la defensa, ya que nos sirve para “reaccionar “y escapar eficazmente de cualquier peligro inminente. Funciona como una señal de advertencia que se manifiesta en una excitación del sistema nervioso autónomo. El individuo tiembla, suda, mira a su alrededor y siente tensión nerviosa; todo ello para ayudar a protegerse, cosa que hará que  emprenda el escape o bien que se enfrente a la situación que le causa el miedo.

Cuanto antes se active el sistema de evitación o escape, tanto más probable será que ese individuo consiga el éxito (entendido dicho éxito en términos de incremento en la probabilidad de lograr la adaptación y supervivencia).

El miedo nos permite afrontar y actuar ante situaciones adversas de forma rápida y efectiva, pues ofrece el apoyo motivacional para aprender nuevas respuestas de enfrentamiento que eviten que la persona se tope con el peligro, en primera instancia. Por lo tanto, podemos decir que el miedo, en un principio, es una emoción positiva para los seres vivos. Sin embargo, a veces ocurre que percibimos amenazas en situaciones que no suponen un peligro real.

¿Qué hacer cuando el miedo nos paraliza?

Debido a la capacidad del miedo de generar malestar en nosotros, sería positivo dominar varias estrategias para hacerle frente; esto contribuirá a que mantengamos una salud emocional equilibrada:

  • Realizar una parada e identificar los momentos en que uno siente temor. El hecho de hacer consciente esa emoción, nos permitirá afrontar el miedo más favorablemente
  • No se debe intentar evitarlo. Para enfrentarse a los miedos, éstos se deben de aceptar de forma incondicional. No debemos luchar contra ellos, sino acogerlos y mirarlos de frente desde todos los puntos de vista posibles. Si nos familiarizamos con ellos, aceptándolos, les restaremos fuerza.
  • Es importante también centrarse en la respiración y echar mano de técnicas de relajación
  • Además, es necesario aprender técnicas que nos ayuden a controlarlos, pero siempre desde la calma, pues sino visualizaremos situaciones dañinas y de peligro cosa que hará aumentar nuestro miedo, haciendo que la situación parezca mucho más grave o peor de lo que es.
  • Un ejercicio de apoyo puede ser imaginar el momento o situación que nos aterra y en un estado de calma, visualizar las posibles soluciones o pasos a seguir para afrontarlo.
  • La aceptación de las emociones, los pensamientos y los eventos es útil como estrategia de regulación emocional, así que haciendo una adecuada reestructuración cognitiva de los pensamientos negativos, beneficiaremos nuestra salud psicológica, y podremos trabajar nuestros temores.